Muñecas hinchables y la famosa Barbie. Una estrecha relación

Es muy interesante conocer la historia de los objetos que utilizamos en nuestros días. Por raro que parezca, las muñecas hinchables también tienen la suya propia y no es menos interesante que la historia de la bombilla o la del telégrafo.

 

Las primeras muñecas sexuales datan de finales del siglo XVIII y surgieron de la necesidad de los marineros de tener una “dama de viaje” tras largos periodos en el mar. Ésta era rudimentaria y estaba hecha de tela cosida o bien de bambú. Ya más adelante, durante la 2ª Guerra Mundial, hubo un proyecto muy ambicioso de Adolf Hitler de repartir muñecas hinchables entre sus tropas para ahuyentarlos de las prostitutas parisinas y así prevenir la sífilis y otras enfermedades venéreas tan comunes durante esta época. La idea era hacer una muñeca nazi, rubia con ojos azules, y de tamaño reducido para que cupiera en las mochilas de los soldados. Pero esto se quedó solamente en proyecto por dos motivos: el primero por el temor y la vergüenza que tenían los soldados nazis de ser capturados por tropas británicas y que les encontrasen las muñecas. Y en segundo lugar, la fábrica que tenía que proporcionar dichas muñecas fue bombardeada en 1942. Aunque no llegó a materializarse dicha producción es sabido que el diseño de esta muñeca nazi sirvió de inspiración para la posterior creación de la famosísima y mundialmente conocida Barbie por Ruth Handler.

 

1era Barbie. 1959

Barbie actual. 2015

 

En los años 60, tras una aceptación y extensión de su uso,  Alemania y Japón se tomaron en serio la modernización y sofisticación de las muñecas sexuales. Durante estos años ya se empiezan a fabricar las primeras muñecas hinchables de látex como las conocemos hoy en día. Éstas se hinchan con aire, pesan muy poco y la durabilidad es limitada por las costuras. Las hay de cuerpo entero con cara o bien solamente con la parte pélvica. Y evidentemente cuentan con varias aperturas: vagina, ano, boca. Pero la gran revolución llega en los años 90 de la mano de los EUA, fabricando muñecas sexuales de silicona. Éstas son hiperrealistas, de mucho mayor peso que las hinchables, con esqueleto metálico y de tacto y cabello real. Unas verdaderas damas de compañía. Éstas pueden costar unos 6000€. ¡En algunos sitios las alquilan y todo! Además, su fabricación no se limita únicamente a las formas femeninas, sino que actualmente también hay un boom para jugar con los muñecos masculinos, los cuales poseen un vibrador o consolador como pene.

Internet y las tiendas eróticas online han contribuido a expandir enormemente la adquisición de las muñecas hinchables, ya que, si bien se venden millones cada año, aún existe una cierto freno a la hora de comprarlas. El anonimato y los envíos discretos son perfectos para combatir este pudor absurdo. Y es que, ¿qué hay de malo en disfrutar de los actos sexuales con una muñeca? Su uso resulta muy beneficioso tanto para singles como para parejas. Los primeros pueden satisfacer sus necesidades sexuales de una forma completa, distinta de la natural, claro está. Y las parejas pueden desarrollar roles sexuales muy estimulantes, como la realización de un trío, una masturbación diferente a la habitual, o el cumplimiento de una fantasía sexual única. Lo que resulta escalofriante es el apego afectivo-sexual que algunas personas llegan a sentir por sus muñecas sexuales. En Japón, por ejemplo, es común ver cómo, tras la muerte de una persona propietaria de una muñeca se realiza un ritual budista para que su muñeca descanse eternamente con él.

Es también en Japón donde más interés existe a la hora de crear nuevas formas amatorias. Una novedad nipona es el “Dakimakura”,  una almohada con la foto de una estrella del porno a tamaño real, ideal para abrazar y frotar todo el cuerpo contra ella. Existen incluso almohadas con dibujos manga.

 

 

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Lisa Rose 01 abril 2015 2 etiquetas (mostrar)

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